CLUSTER TOWN_2009_David Bottos - Nicola Brunelli - Diego Caloi

INTRODUCIÓN

Desde tiempos inmemoriales la cuestión de la ciudad ha sido un tema fundamental, y la práctica del urbanismo siempre llevó a generar modelos de ciudades que intentaran resumir y resolver las actividades humanas y la convivencia entre ellas.

Hoy en día nos encontramos en un momento en el que la realidad de los organismos urbanos está derribando los fundamentos dictados por los urbanistas del pasado, y esto es causado por la complejidad de la ciudad y las múltiples disciplinas que son necesarias para controlar la vida y el desarrollo de esta. Las ciudades en las que vivimos se pueden distinguir en dos tipos dependiendo del periodo de su desarrollo: por un lado tenemos la ciudad de tipo clásico y por el otro la de tipo contemporáneo, y la diferencia entre estos dos tipos consiste fundamentalmente en la historia y en el paso del tiempo.

La ciudad clásica es el resultado del lento desarrollo orgánico, fruto de siglos de vida, de pequeñas y grandes intervenciones a lo largo de los años, y tiene una estricta relación con las condiciones geográficas y climáticas del sitio, junto con los acontecimientos históricos, políticos y económicos a lo largo de su existencia. La estructura de la ciudad clásica, es el resultado del método de prueba-error desarrollado a lo largo de los siglos, y si tiene aspectos de modernidad estos no determinan su carácter, sino que solo son uno de los ingredientes que la componen.

Por otro lado la planificación de ciudades contemporáneas como Chandigar, Brasilia, Cancún o Las Vegas está vinculada a una necesidad contingente y tiene la tendencia de asumir un carácter monotemático (ciudad dormitorio, ciudad vacacional, ciudad administrativa, ciudad refugio, ciudad tecnológica, etc.). El aspecto monotemático de la ciudad contemporánea a menudo oculta en si un carácter incondicional, casi divino, al mismo tiempo de principio y de fin.

Esta manera de acercarse al tema de la ciudad muchas veces esconde en si la ilusa arrogancia del arquitecto y del planificador que, a golpes de lápiz, pretende resolver problemas que conciernen a millones de personas.

Actualmente se ha llegado a la conclusión que la práctica del urbanismo no es suficiente para la solución de los problemas de la ciudad, que la normativa muchas veces complica sus mecanismos en vez que simplificarlos y que es necesario considerar el ser humano en relación con su entorno partiendo de la pequeña escala y no de la escala global. La escala de la ciudad de hoy en día es tan inabarcable que es fundamental concentrarse en el aspecto local, es decir de la escala humana para hacer frente a la realidad pluri caracterial que estamos viviendo hoy en día.

La ciudad es fundamentalmente experiencia de convivencia y de cultura: sólo donde hay diversidad se puede generar el intercambio cultural y sólo donde hay intercambio cultural puede existir el avance en una civilización.

Este último aspecto fue evidentemente infravalorado por los urbanistas del siglo pasado.